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EUTOPÍA O DISPERSIÓN.


Dionisio González.

Este proyecto artístico desarrolla un estudio, hasta ahora no elaborado, de impulsos arquitectónicos diseminados por Europa a partir de los años 50 del siglo XX. En un contexto de difícil posguerra y con las ideas del Movimiento Moderno estancadas después de haber supuesto una inquietante ruptura con la arquitectura tradicional. Aspectos conducentes a una nueva generación de arquitectos, planificadores y urbanistas que proyectaron una ciudad alternativa que frecuentaba los logros tecnológicos de la industria bélica y la investigación aeroespacial. De esta manera, en una Europa marcada por una gran crisis social, cultural, económica y política, surgió una arquitectura que intentaba responder a las profundas mutaciones de la sociedad, a vacíos y explanaciones provocadas por el desbarate aéreo y a movimientos de población diaspóricos.

“Eutopía o Dispersión” establece las relaciones existentes entre la arquitectura utópica de la segunda posguerra y la ciudad digital para determinar que había de válido en aquellas propuestas urbanas que no siempre llegaron a construirse o cimentarse y quedaron, por tanto, constructivamente inexpresas pero bien articuladas teóricamente. Muchas de estas arquitecturas experimentaron con diferentes conceptos, materiales y empleamientos, proponiendo gigantescas megaestructuras y haciendo uso de las nuevas tecnologías para solucionar los problemas planteados no sólo a la arquitectura, sino a la sociedad en su conjunto.

Es el propósito de este proyecto recuperar arquitecturas ausentes, proponer personalmente la ideación y ampliación arquitectónica en áreas degradadas periurbanas como Thamesmead o Golden Lane en Londres y crear un amplio proyecto de recuperación de arquitecturas preteridas o ignoradas. Kiesler ya sostenía en 1964 que hay tres clases de arquitectos: Los que tienen ideas muy adelantadas para los segundos, que las adaptan, y los terceros que son sólo unos reaccionarios. Lo verdaderamente innovador de este proyecto, es como estas estructuras de posguerra prácticamente olvidadas rigen y toman cuerpo en nuestras ciudades tecnológicas y digitales Lo sorprendente, lo concluyente es que podemos adquirir una nueva comprensión y vista de la ciudad actual desde el pasado.

Si como todo indica vivimos una época de secularización del arte, o de desacralización, que es lo mismo que decir que se ha producido una pérdida aurática o reverencial del sujeto, objeto e imagen artísticos. Si todo indica, también, que este cambio de la cultura por el supradominio de lo cultural, o sea, por una transformación en profundidad de la textura industrial del hecho artístico y sus funciones sociales, la configuran especialmente mórbida para su comprensión, parece que sólo nos quedase la alternativa no ya de ser aplicativos, sino innovativos a partir del razonamiento del ser y el estar creativos. Pues la “discursividad” en sí misma comprende la inferencia de unas cosas con otras en un discurrir extensivo y reflexivo sobre una materia en un transcurso de tiempo. Y discurrir es inventar, inferir y conjeturar, por tanto crear: que es producir algo de donde no había nada.


Entre estos proyectos restituidos se encuentran:

Allison y Peter Smithson: Burrows Lea Farm, Losey House, o el proyecto de vivienda social que proyectaron para Golden Lane en Londres en 1952 como estrategia de celebración de lo ordinario en un East End londinense de posguerra material y psicológicamente destruido y que diferiría categóricamente de La Casa del Futuro; una de las siete viviendas que se presentaron en 1956, formando el “pueblo de hoy y de mañana” en la exposición que cada año esponsorizaba el periódico Daily Mail y que se realizaba en el Kensington Hall en West London. Las arquitecturas vinculadas a la segunda posguerra y a los arquitectos de la modernidad: Allison y Peter Smithson, Robert Nathew, Leslie Martin o Denys Lasdun daban una especial importancia a la articulación del edificio como unidad completada por la expresividad de los elementos de suministro en su configuración estética. Es decir; se dejaba visto el vientre del edificio, su esqueleto. La preocupación por las megaestructuras o, edificios de grandes dimensiones autogestivos que se comunicasen entre sí por “calles en el aire” y que eludiesen, en este sentido, la automoción para el contacto entre sus vértices, derivaba de la forma del Cluster. Este último no se configuraba a partir de formas axiales comprometidas sino de formas sinuosas que aprovechasen en mayor medida las vistas.

Lo cierto es que tras un ejercicio de utopía social las ideologías brutalistas devinieron distópicas por el uso monolítico del hormigón, por su dureza sensoria y por el índice de criminalidad que se afianzaba en los espacios ciegos, los corredizos y los pasillos. También forma parte de su fracaso la desconexión con el entorno urbano al que trata de sustituir con gestos autosuficientes y la conversión de estas grandes estructuras en guetos autoexcluyentes al alejarse de estas comunas residenciales las clases medias y acomodadas. Hay ejemplos, sin embargo, de éxito, como el Barbican Estate o el Brunswick Centre. Éxito fundamentado en que se confió en los grandes espacios interiores abiertos con áreas públicas bien acondicionadas y se consagraron los edificios a residentes de clase media alta. Por otra parte, estos edificios, lejos de ocupar espacios periurbanos se encuentran en el núcleo de la ciudad.


Archigram: El Plugg-in city o ciudad enchufada; unidades residenciales modulares que se "conectan" a una máquina central de megainfraestructuras. El Plug-in City de hecho no es una ciudad sino una megaestructura en constante evolución que incorpora residencias, transportes y otros servicios esenciales trasladados mediante grúas. Simon Sadler señala sobre Archigram que "La estética de lo incompleto, evidente en todo el sistema plug-in, y más marcada que en los precedentes megastructurales, pudo haber derivado del auge de la construcción que siguió a la reconstrucción económica de Europa".

Greater London Council para Thamesmead. Concretamente el Stage 1 en Thamesmead South. Este releje residencial refleja un urbanismo funcionalista y maquinista con correcciones comunitarias aportadas por los críticos del Team X que buscaban una circulación peatonal aerizada mediante túneles y terrazas longitudinales elevadas sobre el nivel del tráfico y que finalmente dado su nivel de entrelazamientos y pasillos se convirtió en un ecosistema perfecto para delinquir. Esta fase del proyecto para la New Town es recordado fundamentalmente por algunas de las imágenes más alusivas e inspiradas de la película La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick.

Este trabajo artístico busca, de esta manera, explorar los aspectos neobrutalistas de la arquitectura de posguerra británica y concretamente ahondar en algunos de los proyectos construidos de Denys Lasdun como: The National Theatre, El Instituto de la Educación, 1965, o la Universidad de East Anglia, o no construidos como The Royal Institution of Chartered Surveyors en Parliament Square en Londres, 1962. Estudiar, igualmente, residencias sociales como: The Barbican Estates, 1965, 1971, The Alexandra Road Estates proyectada por Neave Brown 1972,1978 o The Balfron Tower 1965, 1967, diseñada por Erno Goldfinger.


Estudia la sociedad constituida por Claude Parent y Paul Virilio en París denominada Architecture Principey muchos de sus proyectos sobre “la función oblícua” que buscaban arrancar al morador de la neutralidad de su asiento. Recalcando la desideologización y la pérdida de la singularidad del consumidor de la teleacción, que es ser a distancia, ser desdoblado. De tal forma que podría tener cierto parentesco con la idea de levantar a la audiencia de su pasividad del “teatro de la crueldad” que Antonin Artaud concibió a mediados de los años 30. La lentitud puede ser un fenómeno de resistencia. Los planos inclinados desaceleran el movimiento. La estructura es autoportante, lo cual quiere decir que no hay otra cosa más que suelo. La estructura está en todas partes. De ahí la idea de proyectar viviendas donde se interactúa sobre planos inclinados. En definitiva, eliminaban la ortogonalidad.

Revolución de la arquitectura que en aquellos años en Francia nadie apoyó porque todos eran corbusianos con la excepción de Frederick Kiesler. Esta arquitectura promovía una revolución del espacio e incorporaba el tiempo, dada la movilidad y el dinamismo de los actantes o moradores. Lo oblicuo sería, por tanto, una integración del tiempo en el espacio. De hecho, es interesante observar como estos intentos arquitectónicos son un aviso, una precedencia de cómo el espacio, que era el lugar de la historia, accede a un espacio (otro) que aunque interdependiente es plenamente virtual. Espacio multiplicado por redes que funcionan como un relieve en la realidad. Dado que se busca inventar a la manera del Renacimiento una perspectiva del tiempo real para el tiempo virtual.

Dentro de los proyectos no construidos de la “función oblicua” se re/crean aquí: la Maison Mariotti, Maison Oblique Minimum, Mémorial pour Yves Klein, Maison Woog, Maison Toueg, Nautacité, La Ville Noire (hábitat sur plan incliné)…
Por tanto, hay una búsqueda de metanarrativas que desde la arquitectura hayan progresado en la idea de vivienda como refugio, como soledad centrada en palabras de Bachelard, y, también, cómo “social housing”; es decir, espacios habitativos comunales que aspiran a una nueva suburbia eutópica. Eutopía no ya como aproximación a la utopía (el no lugar, ninguna parte) sino al buen lugar. Muchas de ellas se dieron en la segunda posguerra, otras muchas quedaron infranqueadas u olvidadas. En suma, planeadas, pero no erigidas, no basadas ni establecidas.

A través de documentos, bocetos y planos existentes, se han ido generando levantamientos virtuales de dichas arquitecturas y han sido incorporados a las diferentes localizaciones o emplazamientos para los que habían sido previstos e ideados. Dotando a dichas ideaciones de cierta proyectación puesto que se les provee de una cierta categorización edificable.

El simulacro es un objetivo en la medida en que, como expresara Baudrillard, es más real que lo real. Por tanto, es hiperreal. Estamos trabajando conceptos que tienen que ver con la parrhesía foucaultiana (el decir cierto, veraz, la veridicción) y con el concepto de existimación (atribuir o aceptar una opinión (o un acontecimiento) por cierto o verdadero aun no siéndolo). Ugo Volli en 1990 ideó un neologismo para designar hechos que no lo son: los hechoides o factoides. Con ello advertía de una estructura de paraperiodismo o periodismo paralelo que no amenaza la independencia del medio editorial pero que falta a la verdad o directamente la falsea. Esta tendencia, que se puede rastrear desde los orígenes del periodismo en el siglo XVII, ha adquirido actualmente una escala y gestión sistémicas.

Walter Benjamín, en sus tesis sobre el concepto de historia, nos explica como existe la conciencia y la necesidad de preservar el pasado, de reintegrarlo y redimirlo del olvido. Pero a la vez nos indica que la neutralidad como formulación o ejercicio de memoria histórica favorece a los vencedores y como el conocimiento del pasado nos vincula a imágenes de dominación que, por extensión, se reproducen en nuestro presente como parte de una concienciación del dominio. Si, finalmente, la historia no tiene capacidad para preservar lo real habría que preguntarse qué metodología podría situarnos en un estadio respetuoso de empiria. Si, por otra parte, nuestra posmodernidad nos aboca a la desrealización; deberíamos preguntarnos, de ahí mi implicación y preocupación con este concepto, ¿qué fue de lo real? En conclusión habría también que preguntarse que, dado que lo real se preserva a través del archivo ¿Si lo simulado contiene archivo es real?

Estas series (Eutopía o Dispersión y New Brutal Situ-Actions in London) recuperan proyectos no construidos, recogen de forma documental muchas de estas estructuras residenciales que corren el riesgo de pronta demolición y, a su vez, plantean nuevas formas de implementación urbana desde ese espíritu de equilibrio civil donde las zonas nucleares no se terciaricen y los barrios residenciales no se ajenen de los grandes equipamientos recreativos, culturales y sociales.